Nuestra opinión editorial sobre qué hace bien y qué hace mal esta máquina.
En una superautomática con leche, la pregunta que decide la compra no es cómo sabe el capuchino: es quién limpia el circuito de leche cada día. Ahí es donde Philips gana. El LatteGo son dos piezas, sin tubos ni conductos internos, y se lavan en diez segundos bajo el grifo o en el lavavajillas.
El molinillo es cerámico con 12 niveles. La cerámica aguanta mejor el calor y el desgaste que el acero y no transmite sabor metálico, aunque en espresso la diferencia real frente a un buen cónico de acero es menor de lo que dice el marketing.
El filtro AquaClean es el otro argumento práctico: bien usado, permite llegar a miles de tazas sin descalcificar, y quien haya sufrido los avisos constantes de descalcificación de otras máquinas sabe lo que eso vale.
Lo que renuncias: control. Aquí no hay ajuste de presión, ni temperatura, ni prensado. Es una máquina para pulsar un icono y beber, y en ese terreno hace muy bien su trabajo.