Cuando alguien compara una cafetera de cápsulas de 90 € con una superautomática de 300 €, mira la diferencia de precio y decide. Es una forma perfectamente razonable de equivocarse, porque la máquina es la parte pequeña del gasto.
Los números, con las cuentas a la vista
Una cápsula de las marcas conocidas ronda entre 0,30 y 0,50 € según sistema y variedad. Las compatibles de supermercado bajan bastante, hasta la franja de 0,15-0,25 €, a cambio de una calidad muy desigual.
Con café en grano la cuenta se hace al revés. Un espresso lleva entre 7 y 9 gramos de café, así que un kilo da unas 125 tazas. Un kilo de café decente para casa cuesta entre 15 y 25 €. Divide: entre 0,12 y 0,20 € por taza.
Redondeando a la baja para no hacer trampa: cápsula 0,35 €, grano 0,16 €. Diferencia por taza, 19 céntimos.
Y ahora multiplica por tu vida real
Dos cafés al día en casa son 730 tazas al año. Con cápsulas, unos 255 € al año. Con grano, unos 117 €. La diferencia es de 138 € cada año, todos los años, sin que nadie te avise.
Si en casa sois dos personas de dos cafés al día, dobla: 276 € anuales de diferencia. Eso es una superautomática de gama media pagada en catorce meses, y a partir de ahí, dinero que te quedas.
Haz tu propia cuenta con tus tazas: (cápsulas al día × 365 × precio de tu cápsula) menos (tazas al día × 365 × 0,16). El resultado suele sorprender.
Lo que las cuentas no dicen
Con esto no estamos diciendo que las cápsulas sean una estafa. Tienen dos ventajas reales que a mucha gente le compensan de sobra: no hay que limpiar nada y la máquina cuesta cuatro veces menos de entrada. Si tomas un café al día y no quieres pensar, la cuenta cambia y las cápsulas ganan por comodidad.
El grano tiene su propia letra pequeña. Hay que molerlo —o comprar molido y perder aroma—, hay que limpiar el grupo o el portafiltro, y hay una curva de aprendizaje si la máquina es manual. El ahorro es real, pero se paga con minutos.
La pregunta que de verdad decide
No es cuánto cuesta cada taza. Es cuántas tazas vas a tomar. Por debajo de una al día, las cápsulas son sensatas. A partir de dos, el grano se paga solo y el único motivo para seguir con cápsulas es que no quieras cambiar de rutina.
Y hay un tercer factor que no sale en ninguna hoja de cálculo: el café en grano recién molido sabe mejor. No un poco: bastante. Esa es, para mucha gente, la razón real del cambio, y el ahorro es la excusa que le cuentan a su pareja.